Marta Uma Blanco Fernández

Marta Uma Blanco, Bilbao.
mailto:umablanco@gmail.com
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| Marta Uma Blanco, Bilbao. mailto:umablanco@gmail.com |
Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante. Formó parte del primer grupo de filólogos que levantaron el proyecto
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
(http://www.cervantesvirtual.com), trabajando durante más de dos años para la Universidad de Alicante.
Ha impartido clases de español para extranjeros en diversos centros, entre ellos El Colegio de España.
Desde el año 2002 trabaja como profesora de educación secundaria en Barcelona, impartiendo clases de lengua y literatura españolas.
Ha publicado diversos artículos de índole filológica en revistas especializadas.
Ha dirigido talleres de creación literaria junto con la investigadora y creadora Angie Simonis en la provincia de Alicante.
En el año 2002, queda finalista en el I Certamen de Literatura de Mujeres, organizado por la Diputación de Valencia, con su consiguiente publicación.
En el año 2004 edita, junto con Angie Simonis, Naturaleza de mujer, donde se recoge el material literario creado en los diferentes talleres impartidos.
En el año 2006 queda finalista en el I Certamen de e-relatos La Cerilla Mágica. (http://www.publicatuslibros.com/la-noticia/articulo/los-finalistas-de-la-cerilla-magica-en-publicatuslibroscom/).
Es seleccionada en 2007 para participar en el VI Encuentro Nacional de escritores y poetas, organizado por la asociación de escritores ANUESCA a favor de ASPANION.
En octubre de este mismo año queda seleccionada para participar en la II Antología Digital
Una voz en el abismo. (http://www.unavozenelabismo2007.pe.kz/)
Actualmente dirige la bitácora palabras privadas,
http://unmundopropio.blogspot.com/index.html.
EJÉRCITO DE MADRES
I
Se ha prendido la paz en mi garganta
y se me trepa rebelde por el cuello.
El grito
retumba en la noche joven,
mi grito de madre
aún no hecha,
porque nací madre
y viví callada
demasiadas lunas.
II
Un secreto curvará
las sonrisas de las madres.
Marchemos juntas,
desnudas,
entrelazadas nuestras manos,
corramos
como cuando aún éramos libres
sin miedo de nuevo,
el cabello al viento.
III
Lleguemos a los campos de batalla,
cientos,
miles,
ejército de madres
con los pechos rebosantes
de ternura.
Seamos
una gran mancha rosada
que no entiende de bandos
ni fronteras.
Borremos de sus ojos
la impotencia,
de un soplido desterremos
la locura,
que han perdido el norte,
el norte han olvidado.
Colmémosles de besos
y palabras.
Y volvamos
caminando
junto a ellos
de la mano.
Sus ojos se abrían expresivamente y sus labios se curvaban en una sonrisa somnolienta. Así debía de ser la nieve, pensó. Le había contado su abuelo, en las reuniones de la plaza subterránea, que cuando él era joven, y el hombre aún vivía sobre la Tierra, el cambio de las estaciones lo marcaba el planeta. La primavera y el otoño eran momentos de transición en las que todos los seres vivos se preparaban para las estaciones fuertes. Pero en unos pocos años, y sin que la gente se hubiera dado cuenta realmente del desastre, la primavera y el otoño fueron desapareciendo sucumbiendo ante la primacía del verano. Los noviembres comenzaron a volverse calurosos y los humanos andaban tan desorientados como los árboles que echaban sus flores a destiempo.
Poco a poco dejaron de verse las grandes nevadas que cubrían la tierra de blanco. Hasta que el invierno dejó de existir para siempre. Y el sol se hizo tan abrasador que el hombre hubo de buscar refugio en las entrañas de la Tierra.
Se asomó a la ventana con la bola en las manos. Suspiró. Estaban a finales de diciembre, y las luces de Navidad invadían las calles de su ciudad subterránea.
Agitó otra vez la bola en sus manos y observó. Sí, se dijo, debió de ser muy hermosa la nieve.
Marta Uma Blanco
Relato finalista en el I Certamen de e-relatos La Cerilla Mágica
bravenet.com