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  ISABEL MIGUEL

 

 

 

 mailto:isabel.miguel@terra.es



BIOGRAFÍA



 Nacida en Soria, vive en Madrid donde trabaja como profesora. Colabora  desde hace 8 años con la revista de poesía Álora la bien cercada tanto con traducción de poemas como con su propia obra poética. Además de en esta revista sus poemas y traducciones han sido publicados en  La pájara pinta, La hoja azul en blanco, Piedra de molino, Jointure y L'arbre à paroles (revistas poéticas francesas). Aparecen también poemas suyos en cuatro
 antologías de la Asociación Prometeo de Poesía ( Prometeo siglo XXI,  Poemas de la otredad, Tejedores de palabras y  Tankas para la primavera 2007), en la antología Poemas 11-M  ,  El cerro de los versos y  Versos pintados del café Gijón , así como en varias webs poéticas. Sus  poemas han sido traducidos a francés, inglés e italiano. Ha participado en diferentes recitales y encuentros poéticos tanto nacionales como internacionales: Bienal Internacional de Poesía de Lieja (2001, 2003, 2005 y 2007) y en el Festival Internacional Gerard Manley
 Hopkins en Irlanda (2002). Es miembro de la Asociación Tinta viva, de la Asociación Prometeo de Poesía  y de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.


POEMAS



 POEMAS


 Y de repente siento
 más pequeña mi boca,
 no hay trémolo en mis cuerdas
 y mi lengua es un órgano inútil.

 No me caben las palabras.

 Si así fuera, las gritaría enormes.
 Por eso no me caben,
 por eso no puedo escupirlas al mundo,
 desgarrarlas en un aullido
 que me libere de tanto pesar acumulado.

 Están doloridos mis ojos
 por tantos muertos,
 tanto delito,
 tanta crueldad
 que se alojan en mi vida
 desde la pantalla del televisor.

 Ya no encuentro palabras
 que quepan en mi boca
 y es posible que ya no tenga fe.

 El hombre se me derrumba.

 Y me siento culpable porque veo
 y me duelo en mi no-grito.
 Mientras, mi boca muda
 babea su estupor y su vergüenza.

                                     ISABEL MIGUEL



 NO ME SIENTO CULPABLE

 Caía el sol.
 La mar era un prodigio de reflejos,
 acuarela que nadie pintaría
 con velas blancas.

 Se hizo la tarde sereno latido
 de una mano en la mía
 entre la fresca caricia del aire,
 mirada suspendida en la cadencia
 de luces enlazadas.

 Y me atrapó
 el colorido trémolo
 de un mar-cielo de amianto.

 Espumé entre las olas batientes de la orilla
 hasta sentirme roca, arena y sal,
 aleteé viento, me crecí en árbol,
 hechizada gaviota en propio vuelo.

 Fui latido en el pulso de otras venas,
 y aire de tu mismo aliento...
                                         ... y paz.

 No me siento culpable de ser Dios
 entre la eternidad de dos instantes.

                                      ISABEL MIGUEL

 

 


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